Salvador Pastor
Las “palabras son piedras”, decía un escritor italiano hace algún tiempo. Quizá sea necesario verdaderamente aprender a esculpir las palabras. Sólo entonces el peso de las palabras será de verdad como el de las piedras. Salvador Pastor: he aquí a un hombre capaz de habérselas con las palabras y con las piedras. Sabe hablar, pero sobre todo tiene el don, raro en nuestros días, de escuchar. Escuchar no sólo a los amigos con quienes vive la aventura de una nueva casa, sino escuchar a la tierra, a las piedras, los revoques, los troncos, la hierba, las cercas en seco de esta ancestral y atávica Mallorca. Salvador entra en tu vida de puntillas, silencioso y atento, y crea contigo una suerte de convivencia natural que durará meses y meses, una convivencia casi biológica, suave y ligera. En ese momento tus diseños se convierten en realidad como por arte de magia y el color de un revoque que tan sólo habías insinuado lo tienes ahí de pronto con todo su esplendor. Una pequeña ventana torcida esbozada reaparece por arte de encantamiento como si estuviera abierta al mundo desde siempre. La cerca en seco con las piedras grises y ocre que apenas habías bosquejado, ahí está, marcando las lindes, como si tuviera trescientos años a las espaldas. Salvador es como un extraño animal salvaje con largas antenas que captan las necesidades estructura- les y estéticas de una casa, e instintivamente busca para ella las soluciones más sencillas, lineales y absolutas. Así es, así sin más. Salvador te mira a los ojos con esa mirada suya felina y afilada como lo es a menudo la luz, a cierta hora, en esta isla. Entonces comprendes que ha entendido. Que ha dado en el blanco de tu pensamiento y de la idea que tienes de una cosa que aún no existe. A partir de ahí, como un extraño alquimista, pondrá todo su empeño en construir tu sueño piedra sobre piedra. Y ten por seguro que al final tu sueño será pura poesía. Fabrizio Plessi
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